Meditar con la respiración

Una forma de meditación sencilla consiste en prestar atención a nuestra respiración. Siéntate cómodo, cierra los ojos y pon tu atención en tu respiración. Puede que al principio respires acelerado pero poco a poco se irá calmando, no trates de controlarla.
Para empezar haz varias respiraciones profundas exhalando el aire lo más despacio que puedas y luego continúa a tu ritmo espontáneo. Obsérvala, date cuenta de la sensación al entrar el aire por la nariz, puede ser silencioso o puede que salga algún ruido, observa como si fuera la primera vez que respiras. Nota cómo se mueve tu pecho al respirar, cómo a veces haces una inspiración profunda, quizás un suspiro. Fíjate cómo varía el tiempo que tardas en inhalar y en exhalar. Solo tienes que hacer eso, estar atento a tu respiración, concentrado en ella.
Y si en algún momento te das cuenta de que estás pensando en otra cosa vuelve a la respiración, no tienes en esos momentos ninguna otra cosa que hacer ni que pensar; cuando termines tu rato de meditación ya harás otras cosas y pensarás en otros asuntos.
Quédate meditando el rato que te apetezca, sé flexible, igual un día solo meditas cinco minutos y otro media hora, o más, o menos. Lo importante es dedicar cada día unos minutos a meditar.
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